Ni pelotudas ni domesticadas

 

Opinion 23 de enero de 2018

El 80% de las trabajadoras domésticas son informales

 


Por Tali Goldman 
“Sandra, no vengas, ¿eh? No vengas porque te voy a mandar a la concha de tu madre. ¡Sos una pelotuda!” El audio de Whatsapp se volvió viral: quien habla es el ministro de Trabajo, Jorge Triaca. Sandra era la trabajadora de la casa particular de Triaca. Era una empleada a la que tenía de manera informal y, además, la había puesto como delegada interventora en la seccional San Fernando del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU). El audio desnuda el maltrato laboral y clasista de ciertos sectores sociales hacia las trabajadoras domésticas y puede leerse en línea con otros casos. Los dichos de Triaca, además de ser graves porque conduce la política laboral del país, no son excepcionales. Forman parte de una estructura de pensamiento que, a pesar de avances legislativos, hoy está vigente.
Hace algunas semanas otro tuit se había hecho viral. La periodista María Julia Oliván escribió: “En el barrio te daban $400, 1 coca, 1 choripán y 1 bolsa de mercadería por ir a la marcha ayer y hoy. Mi cuñada me dijo: ¿Por qué no te venís? Yo le dije que no, que tengo que ir a mi laburo. (Silvia, que me ayuda en casa, me contó esto ayer tardó 6 horas en llegar a su casa) #ReformaPrevisional”. Automáticamente muchos de sus seguidores le hicieron notar que Silvia “no la ayuda en su casa”, sino que trabaja para ella. Luego salió a la luz que Oliván había usado el mismo recurso en 2013. (Silvia era Elbita, entonces.) Al igual que Triaca, Oliván no considera a las empleadas domésticas como trabajadoras con derechos, como ella que es periodista o él que es funcionario público.
Los medios de comunicación juegan un rol fundamental en el desprecio por el trabajo doméstico. En su editorial del jueves 18 de enero, Ricardo Roa sostuvo que “Triaca pidió ´disculpas por el exabrupto´ y explicó que la quinta ´perteneció toda la vida a mi padre´ y que ´es mi hermano quien la administra. Él tenía a Sandra a su cargo y la tenía formalizada, en blanco, en la categoría que corresponde´. Según el ministro, el violento audio que envió a Heredia fue ´en el marco de un diálogo personal, no condice con mi manera de actuar ni refleja mi forma de ser y lamento que haya sido utilizado para sacar rédito de él´. Quienes lo conocen saben que Triaca es como dice ser que es. Punto aclarado”. Es decir, para Triaca y para los medios de comunicación, es Sandra la culpable por haber divulgado el audio para “sacar rédito de él”. Como en otras operaciones mediáticas en las que se invierte la carga, se establece como responsables a las víctimas. Se trate de violencia sexual o patrimonial, las mujeres —en este caso las empleadas domésticas— algo hicieron mal.
Cuando se debatía la Ley de Trabajadoras de Casas particulares, Clarín tituló: “Una medida que afecta a millones de familias”. Así lo resalta la periodista especialista en género, Luciana Peker, en su libro La revolución de las mujeres no era solo una píldora.
Lo cierto es que en nuestro país, desde el 16 de abril del 2014, se reglamentó —después de varios años desde que se presentó en diputados y senadores y no sin un debate álgido, durísimo— la Ley de Trabajadoras de Casas Particulares (26.844) que beneficia a 1,2 millones de trabajadoras, de las cuales el 80 por ciento no está regularizada. La legislación les da a las trabajadoras una serie de derechos laborales: ART, vacaciones, retención de una cuota sindical a través de la AFIP, pago por cuenta a sueldo, la prohibición de que trabajen menores de 16 años y la obligación de que si se emplea a jóvenes tienen que estudiar, indemnización por despido sin causa, una jornada limitada, licencia por maternidad, etc. Pero, según Peker, “el imperio de la ley no lava las culpas de quienes piden que les pasen la escobita por sus baños pero no blanquean a sus empleadas domésticas. La tasa de informalidad en el sector alcanza el 80 por ciento de las trabajadoras. Y eso repercute en las condiciones laborales femeninas, ya que dos de cada diez mujeres ganan sus ingresos por barrer y planchar”.
Según relevó de la Encuesta Permanente de Hogares de 2017 el doctor en Sociología Daniel Schteingart, el 97 por ciento del servicio doméstico son mujeres. Del empleo total en Argentina, de los trabajadorxs registradxs el 8 por ciento son trabajadoras domésticas. Si sólo se mira el porcentaje de mujeres que trabaja, el 17 por ciento son empleadas domésticas. El 75 por ciento de las trabajadoras domésticas están empleadas de manera informal; su salario es apenas el 44% del salario medio.
Los datos del Indec del tercer trimestre de 2017 revelan que en un año se crearon 192.000 puestos “cuentapropistas”, de los cuales 106.000 son no regulares y 94.000 registrados. El servicio doméstico tiene la tasa más alta de informalidad: 72,13%.
La Unión de Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) es el gremio que nuclea a la mayoría de las trabajadoras domésticas que están sindicalizadas, cuya secretaria general es Lorenza Benítez. Una de las herramientas más fuertes que tiene el sindicato es la Escuela de Formación, que funciona desde el año 2006 y por la cual pasaron más de 16.000 empleadas domésticas. Se despliega en todo el país con diecisiete sedes. Les permite finalizar la primaria y secundaria. Y la escuela tiene cursos y talleres como diseño y mantenimiento de jardines; cuidado y atención de adultos mayores y niños; mantenimiento básico del hogar; cocina superior y cocina para fiestas y repostería, entre otros. En diálogo con LATFEM, Marta Roncoroni, que dirige la escuela del sindicato, explicó que “el objetivo máximo que nosotras tenemos es que las chicas entiendan la importancia de que se reconozcan trabajadoras. Ellas no se han considerado trabajadoras durante años. Por eso van entendiendo la importancia de dejar de ser una NN y entender que tienen seguridad social, que cuentan con una ART, por ejemplo. Cuando la persona empieza a valorarse y a darse cuenta que el conocimiento a través de la educación le da poder, se sitúa diferente de cara a la sociedad y ahí empiezan a cambiar y ese cambio es positivo para toda la sociedad”.
Marta reconoce que el camino fue y sigue siendo difícil. Sobre todo porque ciertos aspectos de la realidad chocan con las normativas. Por ejemplo, existen muchos programas sociales cuyos subsidios no son válidos si una persona está registrada. Entonces lo que suele suceder es que muchas veces las propias trabajadoras domésticas prefieren resignar sus derechos para poder cobrar por varios lados. “Nuestra secretaría general trabaja arduamente para que se pueda revertir esta situación. Mandó cartas al PAMI, a IOMI, al Ministerio de Desarrollo Social. Necesitamos una política clara al respecto”, explica Roncoroni. Por eso cree que es un retroceso el audio de Triaca: “Es gravísimo porque demuestra que falta mucho para que la sociedad considere a las trabajadoras domésticas como trabajadoras. El personal de casas particulares es un sector del trabajo que tiene una incidencia directa en el PBI, entonces no se lo puede ningunear. Por nadie. Y si es por el Ministro de Trabajo, peor. Debemos dar el ejemplo”.
En ese mismo sentido, la secretaria de género de la CTA, Estela Díaz, explicó que “hay un sector social, en general de los más acaudalados, para los que la trabajadora doméstica sigue siendo ´vieja sirvienta´. A las trabajadoras les dan las sobras, algún beneficio social que consiguen con sus vínculos, le dan la ropa que no usan más o le dan de comer y ellas se tienen que sentir satisfechas. Para ese sector la servidumbre sigue presente. Hay que pensarlo, es muy ilustrativo el audio. La violencia, el abuso, el maltrato, son formas con las que convive la práctica de este tipo de trabajo. Porque, si bien es un trabajo que se remunera, ha sido la cuna de enormes abusos, de falta de derechos”.
Envuelto en el escándalo y lejos de enfrentar el problema o de admitir que esto sea un problema para el gobierno, al Ministro de Trabajo le dieron la orden de que adelante sus vacaciones en Chapadmalal. Pero ya no estará “Sandrín” para hacerle el asado. ¿Quién se lo hará esta vez?

 

 

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