Más precarizadas y con menores salarios: la situación económica de las mujeres argentinas

 

Opinion 7 de marzo de 2018

Una de las principales desigualdades económicas que afecta a las mujeres es la brecha de género en los ingresos.


Si se considera la brecha de ingresos de la ocupación principal (vinculada a la actividad laboral), la misma se ubica en el 27% para el segundo trimestre de 2017, según los últimos datos de la EPH – INDEC. Incluso si se considera la brecha de ingresos personales (incluye ocupación principal, secundaria e ingresos como laborales como jubilación o renta) la brecha de género persiste ubicándose en 29%.

-Cuando se considera la evolución de la brecha de ingresos por la ocupación principal en el largo plazo, se observa que entre 2004 y 2015 hubo una contundente disminución (11 puntos porcentuales) pasando del 33% al 22%. Este proceso está asociado a la mejora de los indicadores macroeconómicos en general y del mercado de trabajo en particular (salario real, nivel de registración, mayor cobertura de los convenios colectivos de trabajo. etc.). Hacia 2017, vuelve a haber un repunte de la brecha asociado a la incipiente desregulación del mercado de trabajo, ubicándose en 27%. Ahora bien, la permanencia de una brecha que rondó el 20%-24% durante todo el período demuestra la existencia de un núcleo duro de la desigualdad que requiere políticas específicas si se pretende erradicar la inequidad de género en los ingresos.

-Uno de los mitos en torno a la brecha de género es que la misma se debe a que las mujeres son peor remuneradas a igual tarea realizada por varones. Sin embargo, esto aunque pueda suceder en la práctica en algunos casos, no explica el fenómeno macro. Entre las principales causas de la desigualdad salarial, se encuentra la inequitativa distribución entre trabajo productivo y reproductivo (las mujeres dedican menos horas al trabajo remunerado porque deben atender al sostenimiento del hogar), lo que se refleja en la tasa de actividad: 69,8% es la tasa masculina y 47,9% la femenina.

-Otra de las causas de la desigualdad de género en los ingresos es la mayor inserción de las mujeres en la informalidad laboral: mientras que el 36% de las mujeres trabaja de manera informal, en los varones el porcentaje desciende a 31%. Además, en este universo la brecha en las remuneraciones es más pronunciada: mientras que para el trabajo informal se ubica en 34% en el trabajo registrado lo hace en 21%.

-Adicionalmente, un elemento central en la desigualdad salarial es la penalidad de las profesiones asociadas a tareas de cuidado. Según el relevamiento realizado en portales web de búsqueda laboral, las profesiones de la sanidad, docencia y servicio doméstico, fuertemente feminizadas y asociadas al cuidado, tienen peores remuneraciones horarias que otras profesiones con similares características en términos de formación profesional y experiencia laboral.

-El fenómeno de feminización de la pobreza se acrecienta en los hogares con menores y monoparentales con jefatura femenina. El 27% de los hogares argentinos con menores son monoparentales y de estos el 83% tiene jefatura femenina. Esta representación se profundiza en los deciles de menores ingresos: los hogares monoparentales representan el 66% de los hogares pobres y los que tienen jefatura femenina son el 60%. En estos hogares la AUH es central ya que el 47% la percibe como ingreso principal.

-En cuanto al consumo, las mujeres contamos con costos diferenciales asociados al ciclo reproductivo de la mujer. Una mujer cuya menstruación se produce desde los 15, tiene dos hijos durante su vida fértil y a los 50 años tiene la menopausia deberá dedicar a lo largo de su vida y a valores actuales casi $600.000. Durante toda su vida, tendrá la menstruación 420 veces descontando tres años de embarazo y posparto. Sumando el valor de las toallitas femeninas, pastillas anticonceptivas y analgésicos tendrá un costo de $6.518 anuales o bien $198.700 a lo largo de su vida fértil. Asimismo, en la etapa de la menopausia y considerando el promedio de vida de la mujer, tendrá otros 35 años donde deberá afrontar el gasto de apósitos para pérdida de orina, remedios para la incontinencia, pastillas de calcio, además de algunos años más de hormonas, lo que implicará un gasto anual de $9.240 o de $346.200 durante los 35 años.
 
 

  

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