La cruzada de Macri y los accionistas del PRO, con el Fondo como sponsor y el ajuste como destino

Opinion 3 de febrero de 2019

Si en agosto, octubre y noviembre los argentinos fueran a las urnas para votar por el Sí o el No a Nicolás Maduro, Mauricio Macri se sentiría seguro ganador, estaría en condiciones de proyectar a mediano plazo y no recibiría propuestas de los suyos para eliminar las PASO. No es el caso.


Por Diego Genoud
Con el dólar planchado, el veranito en los mercados y la ventaja de una oposición todavía fragmentada, el Presidente recuperó el optimismo y avanza en una misión que a todos sus antecesores le salió mal: ganar las elecciones en plena temporada de recesión. Como si la inflación, los salarios pulverizados, la caída del poder adquisitivo y el consumo, las tasas de interés y la pobreza fueran preocupación de una minoría que ya no define nada.  

Pese al impacto de la crisis en su cuerpo, Macri logró en el primer mes del año parar a la alianza Cambiemos detrás de sus ambiciones reeleccionistas. María Eugenia Vidal competirá en el territorio madre de todas las batallas sin poder disimular su filiación con el ingeniero y lo mismo hará Horacio Rodríguez Larreta a un precio bastante menor.   
Lo explican sus íntimos. Cuando mira el triángulo de poder que es la base de la fortaleza del PRO, a Macri lo dominan sentimientos contradictorios. Siente que el jefe de Gobierno porteño le debe su lugar de hoy en la Ciudad de Buenos Aires y minimiza las encuestas que lo muestran muy por encima suyo, en imagen y en intención de voto. Aún en lo que para el oficialismo es el mejor momento de la relación, Macri ve en Larreta la sencilla tarea de administrar un distrito rico, con la Casa Rosada como aliada. Velocista astuto, con un cuarto de siglo en la actividad pública y la ambición indisimulable, Larreta es dueño de una característica que pocos -con tanto poder- tienen en el macrismo: una educación política previa, anterior a la que enseñan en los talleres del PRO.

Con la gobernadora, según dicen, el Presidente razona al revés. Sabe que ganó la pelea imposible en el bastión del peronismo y hoy le toca gobernar la realidad más adversa, en plena era de ajuste y recesión. Percibe que para Vidal el juego de la polarización con Cristina Fernández de Kirchner implica un riesgo para nada estimulante. Eso no impide que le haya negado la posibilidad de adelantar los comicios y demore hace meses los $21.000 millones del Fondo del Conurbano que perdió la Provincia con la inflación en el año que se fue. Pesan otros factores. Marcos Peña y Jaime Durán Barba, en el primer caso; Nicolás Dujovne y Christine Lagarde en el segundo.
Por su alineamiento con Macri y por gobernar sus propios distritos, las voces de Larreta y Vidal suenan con una fuerza única en la mesa más chica del PRO. En la jerga de los CEO's, son los "accionistas" de la empresa amarilla, un sinónimo para definir a los que en el peronismo cuentan con la doble bendición del poder y los votos.
A la sombra del Presidente, Peña es el único que se eleva hacia ese nivel y lo supera, como parte de un vínculo frecuente donde -aseguran- prima la confianza. De la química entre esos tres actores que están online todo el día y no dejan pasar más de dos semanas sin reunirse aparte, depende en gran medida el despliegue y las chances del oficialismo en el año electoral. Aunque el jefe de Gabinete salió de vacaciones con la publicidad de su control absoluto sobre la campaña, Vidal y Larreta también van a encarnar la ofensiva nacional por un segundo mandato de Macri. La última semana, sin ir más lejos, los dos se reunieron con Horacio "Pechi" Quiroga, el candidato de Neuquén.
De relación personal con el peronismo aliado, Larreta tiene diálogo frecuente con Miguel Ángel Pichetto y con el gobernador cordobés Juan Schiaretti, dos de los animadores de la reunión que mañana hará el PJ en Mar del Plata. Pero con nadie lo une tanto afecto como con su amigo Sergio Massa, un nombre envenenado para el Presidente y para Peña. El alcalde porteño es uno de los que le dice al exjefe de Gabinete que el país se polariza y no hay lugar para una tercera opción. Coincide desde su lugar con el mensaje que baja con insistencia Antoni Gutiérrez Rubí, el catalán que trabajó con CFK y ahora le recomienda a Massa que sea más opositor. Más aún después del no adelantamiento, que cierra las compuertas para el alter PJ en la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, la corriente que no termina de sumar a Roberto Lavagna persiste firme, como una colectora que en Casa Rosada se festeja tanto como la eventual candidatura de la expresidenta.
Si no pasan cosas como las de 2018, Macri y los accionistas del PRO llegarán a las costas de la elección con un escenario más calmo del que temían hace unos meses. En la superficie, los economistas afines al gobierno ven una economía sin consumo ni inversión y con una caída de la recaudación que se va a potenciar si la inflación baja, como se prevé. Por eso, advierten que la gran marquesina del déficit cero es hija de un equilibrio transitorio, producto de lo que se recauda por las retenciones y el índice récord de los precios de Cambiemos.

Lo dicen los enviados del Fondo, en pleno veranito y dispuestos a renegociar el acuerdo antes de las elecciones: con el endeudamiento externo a tope, Macri necesita una "fuente de ahorro permanente" para su segundo mandato y sólo puede ir al shock o a la reforma previsional. Ajustar en serio, ese es su destino.

Como muestra el conflicto con Techint por los subsidios, el organismo de crédito ya gobierna el corto y el mediano plazo. A cargo de la coordinación de la economía, por encima de Dujovne y Sandleris, los burócratas de Madame Lagarde coinciden en una serie de interrogantes con los inversores de Wall Street que timbean con los bonos argentinos. Qué va a hacer Macri si es capaz de ganar con recesión, de dónde va a sacar la fuerza para hacer la cirugía mayor, cómo va a resucitar las expectativas que fue matando. Qué tiene para anunciar la noche del 24 de noviembre, después de un balotaje que le desean victorioso, pero no resuelve la trampa que el ingeniero parece haber construido para sí mismo.

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