La soberbia de Lavagna y la campaña contrarreloj del peronismo alternativo

 

Politica 13 de abril de 2019

El economista busca posicionarse como una de las figuras de mayor peso de cara a las elecciones presidenciales de octubre. “Estoy construyendo consensos”, afirma, comenzando por uno primordial: el candidato soy yo.


Por Nano Thompson
La irrupción de Roberto Lavagna en el escenario político, a esta altura, ya es más un problema que una solución para el peronismo no kirchnerista, que pasó de venerarlo a maldecirlo en privado.

En un principio se pensó que su candidatura podía ser un gran aporte a un espacio que no encontraba su lugar dentro de la grieta. Es que Lavagna no está asociado al kirchnerismo –pese a haber sido ministro de Néstor Kirchner– ni al macrismo. Cerraba por todas partes.

A su vez, su temprana salida del gobierno en 2005 lo alejaba de toda sospecha de corrupción y, pese al gran desconocimiento que tiene dentro del electorado joven, la sociedad lo percibe como un buen funcionario en su gestión económica.
Sin embargo, la obstinación casi infantil de Lavagna por ser el único e indiscutible candidato atenta contra todo lo que le puede aportar al peronismo alternativo.

Alternativa Federal fue lanzado en febrero de este año con el fin de definir, a través de internas, al candidato para suceder a Mauricio Macri. En las mismas participarían Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto.

Su temprana salida del gobierno de Néstor, lo aleja a Lavagna de toda sospecha de corrupción; y la sociedad lo percibe como un buen funcionario en su gestión económica.

Fue en ese escenario que surgió lo posibilidad de sumar a Lavagna al espacio, pero el propio economista desde un principio dejó en claro su voluntad de no dar una PASO, casualmente, en un espacio que fue pensado con ese fin. “Estoy construyendo consensos”, repite Lavagna.

No obstante, hace unos días, enojado porque Sergio Massa había lanzado su propuesta presidencial con objetivo en las primarias, Lavagna dijo que estaba afuera de Alternativa Federal y que el suyo era un proyecto diferente al que denominó “Consenso 19” con el que busca sumar adhesiones del socialismo, el radicalismo disidente de Macri y otros actores de la sociedad civil.
A pesar de sus deseos, el operativo clamor parece no concretarse. La “protocandidatura” de Lavagna parece diluirse entre sus exigencias personales, la coyuntura y el estancamiento en las encuestas.

Está claro que Lavagna no tuvo en cuenta que no es tarea sencilla crear un frente amplio y plural –con la pretensión de excluir a algunos sectores– de la noche a la mañana. A su vez, imponer una tercera vía en el contexto de polarización impuesto por gobierno, complica aún más las cosas. Y para ponerla aun más difícil, la vanidad del economista de exigir que él debe ser el candidato único de ese espacio permanece inoxidable.

Lavagna debe entender que los consensos no se crean en base a un nombre o un candidato, sino en base a proyectos, ideas y propuestas. Juntar dirigentes y alinearlos atrás de un apellido para participar de una elección lo único que garantiza es una derrota.
 

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