Deportes
 
 
 
 
 

Solari planta su bandera en territorio Simeone

Hace no tanto que el Real Madrid estaba muerto, enterrado, velado y olvidado. Una mala primera mitad de temporada le dejó sin su entrenador, a diez puntos del liderato en La Liga, y siendo objeto de la crítica unánime por parte del mundo del fútbol. Realmente las merecía. Sin embargo, no es menos cierto que a este Real Madrid nunca se le puede dar por muerto. Lo ha demostrado durante toda su historia, pero especialmente en los últimos años, donde ha ganado cuatro de las últimas cinco Champions bajo un guión similar: perdido hasta Navidades, imparable desde entonces. Aun así, los hay por miles que año tras año cometen la misma imprudencia. Y esta semana, el Real Madrid ha respondido a todos ellos: el líder Barcelona no pudo doblegarlo en el Camp Nou en Copa, y tres días después el Atlético hincó la rodilla en el Metropolitano, viendo así cómo le arrebataba la segunda plaza en La Liga. Nunca se le puede dar por muerto.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Manu Ginóbili: "Ahora haré vida familiar y podré dormir en mi cama"

El vestuario de San Antonio no es precisamente una fiesta, aunque lo que reina sobre el piso alfombrado -al que se llega no sin antes pasar por una carpeta afelpada de bienvenida de color gris con la espuela insignia del equipo- es la calma. Se respira en el aire no satisfacción, pero sí tranquilidad por haberse ido, en clara inferioridad de condiciones, con la frente alta de la casa del campeón. Con un triunfo en casa en buena forma y un muy buen partido como visitante, pese a la derrota final que tomó forma de eliminación. En ese contexto llega Emanuel Ginóbili a ponerle palabras a las sensaciones, a transmitir la sapiencia que dan los años y ser capaz de evaluar y reflexionar pese a que acaba de terminar un partido decisivo hace tan sólo unos minutos.
 

 
 
 

¿Qué le pasa a Messi? Preocupación por la lesión que inquieta al astro nacional a  dos meses de la cita mundialista.

Lionel Messi está tocado. Hace más de un mes que las molestias en el aductor y el isquiotibial derechos condicionan su rendimiento. Y no mejora. Atado, juega menos. Menos tiempo, menos productividad. "Se está cuidando", le cuentan a LA NACION desde la intimidad del seleccionado . Los sprints largos y bruscos cambios de ritmo debe administrarlos como nunca. "Está al límite", agrega otra fuente cercana al jugador. El objetivo es evitar que las persistentes molestias se trasformen en una distensión. O, peor, en un desgarro. Quedan 25 días y cinco partidos para que concluya la estación 2017/18 de Messi. Una rotura muscular precipitaría el cierre de la temporada y definitivamente le quitaría ritmo competitivo en la antesala de la Copa. Además, cuando la ruta al Mundial entra en un callejón sin salida, las lesiones traen un efecto anímico demoledor.